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La Guerrilla en Granada

Extraído de "Apuntes en Vivo" de Eduardo Pons Prades. por Alberto Bru

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Alberto Bru (Barcelona) Lista GCE

Granada es un claro ejemplo de lo que observaríamos en otras provincias, particularmente en las andaluzas y en las gallegas: la importante cantidad de partidas guerrilleras que se sucedieron en la lucha, la dureza de los enfrentamientos, la crueldad de las represalias, el refinamiento de la represión, la impresionante suma de acciones, el número respetable de bajas, así como la duración de determinadas partidas.

Todo lo cual tenía su equivalencia en la extensión que alcanzaron represiones anteriores: la de los comienzos de la guerra civil y de la posguerra, en particular, que en algunos lugares se adelantó coincidiendo con el cambio de ocupante militar de una zona o de una región determinada.

Esta provincia, con las de Asturias, Sevilla, Zaragoza y La Coruña, fue de las que mayor represión conocieron en el verano y el otoño de 1936. Más tarde, en el curso de la guerra, Badajoz y Málaga completarían el cuadro con cotas espeluznantes. Como anticipo de los datos estadísticos que figuran al final de la obra, señalemos que Granada figura en cabeza de las refriegas, de los secuestros, de los golpes económicos y de las bajas causadas a las fuerzas del orden. En segundo lugar -siempre a escala nacional- del número de enlaces detenidos y en tercero del de guerrilleros muertos. Y respecto a los muertos causados a la población civil, Granada figura en sexto lugar.

Otro rasgo peculiar de estas tierras granadinas: por aquí fue donde se echaron al monte mayor número de hermanos: los cuatro «Queros», los dos «Galindos», los dos «Clares», los dos «Capilorros», los dos «Cantaores», los dos “Corralicos”, los dos «Chavicos», los tres “Matías” y los tres “Castillillos”. Todos ellos huidos al monte entre 1940 y 1944. De hecho, las actividades guerrilleras propiamente dichas comenzaron con la guerra civil.

Por la zona norte de la provincia (Huéscar-Puebla de Don Fradrique) nos contaron que en aquellas sierras (de la Sagra, de Moncayo, de Montilla, del Muerto, de Duda y de Harmalance) se encontraron huidos de los dos bandos, que se esforzaban por alcanzar la zona con la que unos y otros, respectivamente, simpatizaban. En Orce charlamos con un campesino —de unos 65 años— que se pasó desde Granada a la zona republicana con un grupo de compañeros de la C. N. T. y se tropezó, en la Alpujarra alta, con otro grupo. Como ambos iban completamente desarmados, los huidos organizaron un verdadero ballet, hasta que, pensando unos y otros que podían ser adictos al mismo bando, se entabló un diálogo. Pronto se dieron cuenta de que iban en direcciones distintas. Y se contaron lo que estaba ocurriendo en los lugares de donde procedían:

“Propagandas, eso no son más que propagandas” no hacía más que repetir uno de ellos. Y otro se atrevió a sugerir que “lo mejor sería que nos quedásemos por estas montañas, hasta ver en qué queda todo esto”. (Otros grupos fueron exterminados al encontrarse con gente armada dispuesta a todo y muy alterada por lo que, aterrados, habían oido contar de la zona franquista. Los huidos que trataban de alcanzar esta zona eran, casi siempre, guardias civiles vestidos de paisano y su huida fue, sin duda, de las más dramáticas, puesto que no podían acercarse a ningún pueblo o aldea en busca de ayuda.)

En el pueblo de Chimeneas no se fue nadie a la sierra, pero en los años 40, pese a la miseria reinante, nunca faltó a los guerrilleros la ayuda de sus habitantes. Les llevaban comida y ropa, que dejaban en cuevas que sólo ellos conocían. Algunas si eran conocidas de la Guardia Civil, pero las fuerzas del orden, prudentemente, no se metían en ellas, ya que ignoraban adonde conducían y qué salidas tenían. Los pastores eran casi todos informadores de "los de la Sierra". Nos contaron el caso de «Frasquito» (llamado también «el Largo»), que iba, como la mayoría de los chicos de su edad —había nacido en 19l5—, descalzo. Y cuando su madre le compraba unas alpargatas echaba a correr por el pueblo para enseñárselas a la gente. Y su madre corría tras él para detenerle, ya que al final de la carrera las alpargatas ya habían pasado a mejor vida. Pues bien, cuando “Frasquito” se enteró de que “en el maquis daban botas”, menudo trabajo tuvieron sus familiares para sujetarlo...

Así que, como se va viendo, unos porque no habían bebido leche en su vida, otros porque no tuvieron nunca un par de zapatos, otros para hartarse de miel o poder cazar libremente, saltándose a la torera cotos y vedas, y no pocos para evitar que su familia se muriese de hambre, entre mil motivaciones más, tales eran las razones que empujaron hacia la sierra a mucha gente. Y a veces, sin saberlo, con esta heroica decisión rompían con la injusticia social, latente, humillante, aplastante, disgregadora de la familia, que cribaba de complejos al individuo, acelerando la prostitución moral y material de las muchachas o de las mujeres, cuando no de algún muchacho bien parecido...

En las costas granadinas (playa de Calahonda-Punta Carchuna) actuó, en la primavera de 1938, el primer comando marítimo -republicano- de las guerras modernas, que logró rescatar a más de 300 jefes, oficiales y comisarios republicanos asturianos que estaban encerrados en el Fuerte de Carchuna. Sin disparar un solo tiro. Una mínima parte de los liberados —medio centenar aproximadamente— partió por mar, a bordo de las lanchas motoras del comando, mientras que los otros fueron recuperados por hombres de una Compañía de Servicios Especiales y por un grupo de una partida de guerrilleros llamada «los Hijos de la Noche» (llamados también «los Niños de la Noche») comandado por «Hojarasquilla», granadino serrano.

Atravesando la Baja y la Alta Alpujarra, y escalando Sierra Nevada, los condujeron hasta las líneas republicanas. Primero a Guadix (Granada) y luego al frente de Jaén. En esta operación, brillante en todos los aspectos, colaboraron pescadores y marineros de Motril, de Calahonda (Granada) y de Adra, libertarios todos, sin cuya ayuda —e información previa— el rescate hubiese presentado, posiblemente, grandes dificultades.

La provincia de Granada estuvo dividida en cuatro zonas guerrilleras: la del triángulo Alhama de Granada-Loja-Moraleda de Zafayona (al suroeste), la de Sierra Nevada (Alta y Baja Alpujarra), que se extendía hasta la Sierra de Gádor (Almería), y la del norte, que lindaba con tierras de Córdoba y de Jaén.
No es de extrañar, por tanto, que la provincia granadina fuera la que más quebraderos de cabeza diera a las autoridades del país, las cuales con el nombramiento del teniente coronel Eulogio Limia Pérez —el 15 de octubre de 1949— transformaron las zonas guerrilleras o simplemente de apoyo de esta región en un auténtico campo de experimentación.

Testimonios recogidos en varios puntos de la provincia, pero en particular en Alhama de Granada, Loja y Salar, dan fe de que, en el invierno de 1948-49, las partidas encontraban mayor asistencia que nunca en el pueblo llano. Recuérdese que Granada es la segunda provincia de España respecto al número de enlaces detenidos. Un campesino de Salar nos dijo:

"--Eso es fácil de comprender: la gente había visto desaparecer muchas partidas y se volcó en ayuda de las que quedaban para que no desapareciesen del todo.
A los enlaces detenidos hay que agregar los pastores ejecutados en plena montaña por no haber seguido al pie de la letra las instrucciones contenidas en los bandos que delimitaban las zonas reservadas —es decir, auténticas zonas de guerra—, bandos que, en la mayoría de los casos, casi ningún pastor alejado de sus lares pudo conocer a tiempo. Supimos, también, de cortijadas incendiadas completamente, tras haber dado a sus habitantes un plazo de horas para evacuarlas—so pretexto que eran utilizadas por los guerrilleros como refugios— que no se les permitió llevarse más que lo puesto y los cuatro bártulos que pudieron cargar en las caballerías."

Al teniente coronel Eulogio Limia Pérez —cuyo comportamiento en el interrogatorio de varios guerrilleros y enlaces se nos ha asegurado que fue correcto— se le atribuye la limpieza de las partidas granadinas, después de haber hecho lo propio por tierras de Toledo y de Ciudad Real. No hemos podido recoger un solo testimonio de que en la Mancha practicara la táctica de la tierra quemada —como ocurrió por Granada—, de lo que se deduce que las partidas manchegas eran más escurridizas y que sus bases —o puntos de apoyo— principales eran más difíciles de localizar que las granadinas. Porque ¿cuándo y cómo se puede dictaminar que una guerrilla va a menos? ¿Al disminuir las acciones y los encuentros? Mal barómetro sería éste. ya que durante ese cuarto de siglo de lucha guerrillera (1936-1960), tanto en e! monte como en el llano, esos altibajos se dieron con bastante frecuencia y otras tantas veces se pudo leer que «se había exterminado tal o cual partida importante», para dar a entender que el movimiento armado antirrégimen andaba de capa caída. Esto. para citar un caso concreto, sucedió en Cataluña, respecto del grupo de «Quico Sabaté». al que antes de su muerte real (el 5 de enero de 1960) se dio por muerto —y a su partida por aniquilada— por lo menos media docena de veces. Se nos puede decir que la guerrilla no podía durar eternamente. Es cierto, pero la verdad es que duró mucho más de lo que nadie podía augurar: hubo muchas partidas que se mantuvieron en activo ocho, diez y doce años. Y tanto tiempo de presencia en las sierras es una realidad que nadie puede tratar a la ligera ni despacharla con cuatro frivolidades, u ofreciendo medias versiones de los hechos, por muy respaldadas que estén en atestados, informes, escritos o reseñas generales.

En todo caso, volviendo a las tierras granadinas, una de las acciones de las fuerzas represivas que mayor resonancia tuvo, por lo menos sobre el terreno, fue el asalto, a cargo de más de 300 guardias civiles, a los pueblos de Salar y de Loja (con 93 detenciones en el primero y 61 en el segundo), donde cabe señalar que tan sólo ocho militantes clandestinos estaban ausentes de sus domicilios cuando se realizó la razzia. Pues bien, pretender haber llegado a concentrar a más de 300 policías uniformados sin que a nadie llamase la atención la llegada a los citados términos —tenidos, y no sin razón, por auténticas bases guerrilleras— de un número tan importante de miembros de la Benemérita, es algo que no entendemos muy bien, ya que, despreciando, al enemigo, las gestas propias...
No, no es fácil detectar la verdad, pero lo que sí puede recalcarse es que esa ofensiva de las fuerzas del orden, en los años 49-50, coincidió, casualmente, con la decisión del Partido Comunista (el primer comando de recuperación, mandado por «Antonio el Catalán», desembarcó en las playas tarracocastellonenses, a fines de agosto de 1950) de disolver las guerrillas del monte.

En Modín nos hablaron de 10 o 12 vecinos de Los Olivares que se echaron al monte «aburríos y acorralaos» y que serían cazados a tiros en cosa de 3 o 4 semanas. Andaban por la Sierra de la Hoz, donde estuvo el frente durante la Guerra Civil. Por allí había un grupo de 7 u 8 guerrilleros que eran de Tierra la Baja. Merodearon por aquellas tierras durante un par de años y luego desaparecieron. Según me indicaron, este grupo estaba muy bien organizado y la mejor prueba de ello es que no tuvo ni una sola baja. Casi siempre esas partidas exterminadas en días o en semanas no eran tales, sino pequeños grupos de campesinos a los que, un día sí. y otro también, se les insultaba incluso en plena calle —«¡tú, bájate de la acera, que eso es para las personas honradas, que las bestias debéis andar por el arroyo!»— o en los cafés —«tú, si fueras un hombre, hace ya tiempo que te hubieras marchado con los tuyos a la sierra»—. Al final, se juntaban media docena de «aburríos y acorralaos» y se echaban al monte, sin llevarse siquiera una mala escopeta —ya nos darán armas los maquis—, se decían el uno al otro para tranquilizarse.

Lo que ocurría muchas veces es que, antes de que se toparan con los maquis, las fuerzas vivas de aquel sector —puestas poco menos que en pie de guerra en cuanto se enteraban de que algunos vecinos habían abandonado el pueblo con intención de reunirse con los de la sierra— ya los habían exterminado. Así ocurrió, en otros lugares, con vecinos de los pueblos de Zafarraya y Venta de Zafarraya.

De Agrón se marcharon a la montaña unos 25 o 26 hombres jóvenes. Había de todo: solteros, casados. Unos lo hicieron movidos por las ideas, los menos, y otros, los más, por miedo. Estuvieron en la Sierra de Albuñuelas un par de años. Sólo se salvaron tres: dos que se entregaron y uno al que hicieron prisionero. En Agrón, como es notorio, los guerrilleros recibieron ayuda de todas clases. Un viejo del lugar me dijo: «Es que cuando la gente tiene ideas es muy difícil sacárselas de la cabeza.» Alli nos hablaron de varios jefes de partida: del «Espartillo» —que era de Alhama de Granada—, del “Cornudo” —que era de Zafarraya— y de uno que era de Alfamate, que tuvo varios apodos, entre ellos el de “el Serrano”. Por allí exterminaron a un grupo de 7, que formaba parte de una partida importante que tenia sus bases en la Sierra de Loja. En esa partida había guerrilleros oriundos de Alcaucin, Alfamate y Alfarnatejo (Málaga).

Estuvimos en el Cortijo de las Ánimas —a unos 12 kilómetros de Alhama de Granada—, cuyo dueño es Adolfo Ramos. Lo secuestraron los guerrilleros en noviembre de 1950 y pidieron un rescate de 500.000pesetas (3.000euros), luego 300.000 y al final lo soltaron por 100.000ptas. Fueron a buscarlo 9 guerrilleros y se lo llevaron al pinar del Cerro Lucero. "Dos de ellos —me dijo— tenían más de 50 años y los demás rondaban los 30. El más proselitista era uno que hacía de barbero, que me afeitó dos veces en los cuatro días que duró la detención. Cambiaron 3 veces de campamento. Salvo unas horas de descanso, al filo del mediodía, siempre estaban andando de una base a otra. Pude comprobar que en muchos cortijos tenían gente que les informaba de las idas y venidas de los guardias y de las Contrapartidas.» Después de su liberación, en el Cortijo de las Animas pernoctaron dos contrapartidas: una formada por 9 hombres y otra por 12. Parecían bien dispuestos y le dijeron que les daban 1.500 pesetas por maquis muerto... Y que uno de ellos, tomándoselo a broma, le dijo: «Y ya sabe usted, compadre, que de noche todos los gatos son pardos-..»

Al Jefe de partida que lo secuestró le llamaban Felipe "Clemente"(hnos Jurado Martín), al que matarían más tarde en el Cortijo del Guarda, junto con 5 de sus hombres. Una Contrapartida estuvo esperándolos, escondida, durante dos semanas. Otra partida fue sorprendida por un fuerte destacamento de guardias en el Barranco de las Piletas, donde mataron a 8 guerrilleros, cuyos cuerpos cargaron en un carro y pasearon por todo el pueblo (Alhama de Granada).

A mediados de enero de 1947, el cuartel general de los guerrilleros se encontraba en el Pinar de Alhama. Los destacamentos estaban formados por unos 150 hombres. Esta impresionante partida la apercibió un pastor del señor Ramos, por una barranca que conduce a un lugar llamado El Infierno. La actividad guerrillera empezó allí en los primeros meses de 1940. El último guerrillero muerto por aquellos parajes, en la primavera de 1952. fue «el Culito del Salar». Al «Chato del Salar» lo mataron en una refriega, cuando intentaba realizar un secuestro en un cruce de carreteras. El que iban a secuestrar —un tal Juan Morales— también murió en el tiroteo.

Nos contaron que “el Espartillo” y "el Cornudo" actuaron de concierto muchas veces y que anduvieron por aquellas sierras cuatro o cinco años. "El Espartillo”, que era libertario, y por tanto antimilitarista, había desertado de ambos ejércitos: del republicano y del franquista.
Proyectó pasar a Francia y lo detuvieron en Barcelona, cuando fue a ver a su novia, que estaba vigilada. Al no poder atribuirle muerte alguna se libró de la pena capital. Hoy viven en la zona norte del país.

A medio camino de Alhama de Granada a Játar, en una huerta tan feraz como bien cuidada, nos presentaron a Paco Aguado y a su mujer, Mariana. A él lo llamaban «Medioquilo» y cuando se echó al monte tenía 39 años. Estaba entonces de mayoral de pastoreo en el Cortijo del Lobo. Se escapó en noviembre de 1947 porque lo denunció —para ocupar su puesto— otro pastor, acusándolo de ser un enlace de la guerrilla. Aguado me asegura que por aquellas fechas se había tropezado varias veces con los guerrilleros, pero que él no era enlace de nadie. «Ya que con el fusilamiento de mi padre y de mi hermano mayor la familia estaba bien servida, ¿no le parece?»

Fue a detenerlo una Contrapartida y él saltó por la parte de atrás de su casa y se metió bosque adentro. «En cambio —me dice—, el pastor que me denunció sí que había hecho negocios con los guerrilleros y yo lo sabía, porque en el monte se sabe todo.» Los de la contrapartida dispararon contra él; pero no le dieron. Anduvo con la guerrilla por toda la provincia e incluso hizo de práctico con ocasión de la visita de un gran jefe de la guerrilla, al que acompañaron por varias sierras de Granada y de Málaga. El jefe de la partida se llamaba Manuel Pérez Rubio, ex capitán republicano, y era de Motril. También estuvo con «el Polopero», el cual, según Paco Aguado, era un tipo muy poco "echao p'alante" para ser jefe de partida.

Aguado se entregó a la policía para que soltasen a su mujer, que llevaba dos años en la cárcel y se estaba quedando ciega. Lo interrogaron en el tristemente célebre Cuartel de las Palmas, de Granada, adonde le condujo el capitán Caballero, en su Land-Rover («la guiñaposa» llamaban al coche los guerrilleros). «Tuve que vérmelas con el teniente coronel don Eulogio Limia y con el comandante Antonio Diaz Carmona, que se portaron conmigo correctamente. Claro que ellos sabían que yo una vez, dando la cara por él, había salvado de manos de los guerrilleros a un guardia civil llamado Franco Ríos, que era de Sevilla, y que estaba en el puesto de La Ventilla, en el pueblo de Talará.»

A “Medioquilo” lo condenaron a 25 años y un día. Y cumplió diez años y dos meses.
Por aquellas tierras también dimos con otro ex enlace —"Eugenio"—, que había estado con José Muñoz Padilla "Roberto" —ex comandante republicano y ex jefe del maquis francés—, que más tarde sería detenido en Madrid, conducido a Granada y fusilado allí. El instructor de dicha partida se llamaba ."el Pescador” y era de Torrox (Málaga). Los lugartenientes eran dos primos hermanos: Antonio García Ordóñez (Maqui) y Manuel Ordóñez Plaza ("el Trucha»), que eran de Salar, al igual que el práctico, Miguel Pinilla Lara (“Luis”). “Eugenio" conoció también al «Chato del Salar», que «era un hombre muy hombre; pero, eso sí, incapaz de hacer daño a sangre fría a nadie y menos aún a una mujer o a un niño».

De Salar también marchó a la sierra el cupo completo de un reemplazo: el del 47. Con él estuvieron también «Josele», de Gacha de Mosto, y José Molina Cárdenas —que estuvo con él en la cárcel— y que hoy vende pájaros en su pueblo natal: Salar. Me confirmó que por aquellos pueblos y cortijadas metían a familias enteras en la cárcel para obligar a los de la sierra a rendirse. «Algunos —nos puntualizó— se habían marchado al monte tan sólo por haber robado habas o patatas, pues eran familias de gañanes que se morían de hambre.»


Principales líderes y grupos guerrilleros


Yatero. (Juan Francisco Medina García). Era natural del Tocón de Quéntar (Granada). El apodo le venia de su padre, al que llamaban "el tío Yatero" porque nació en Yátor (Granada) y era de extracción libertaria. Trasquilaba ovejas desde muy joven y por ello era muy conocido y muy estimado por todo el contorno. Fue capitán de artillería republicano. Al final de la guerra lo hicieron prisionero y después de pasar varios meses encarcelado en Guadix (Granada) fue a parar al campo de La Espartera, de Benalúa de Guadix. De allí se escapó y se refugió en el Molino de la Gitana y más tarde en el Cortijo de Aguas Blancas, el primero pertenece al térmno de Lapeza y el segundo al de Tocón de Quéntar, su aldea natal. Poco después al reunirse con él Jesús Salcedo ("capitán Salcedo”) y dos de los hermanos Quero (Antonio y José), se echó al monte con ellos, a mediados de 1940. «Salcedo» era de Caravaca (Murcia), de cuya prisión provincial se había fugado. Los dos Queros —catalogados como “peligrosos anarquistas"— eran escapados de la mal afamada cárcel granadina de La Campana.
A partir de las primeras operaciones quedó bien claro que la partida se abstendría de ejercer violencia alguna contra nadie y evitaría causar bajas a la población civil. Las pautas dadas por «el Yatero» se aplicaron a rajatabla. Tanto es asi que varios de sus hombres me han asegurado que en la partida se llegó a pasar hambre.


Un día que “el Yatero” y cuatro de sus hombres estaban comiendo en el cortijo de "la Chispera”, una niña, al ver llegar a los guardias, avisó a los guerrilleros en voz alta y a causa de ello estallaría un violento tiroteo. "El Yatero» fue herido en una pierna. Dio orden a sus hombres de replegarse y él cubrió la retirada. El combate se desarrolló en la Dehesa de los Llanos, en el término de Güejar-Sierra. Resistió los ataques de la Guardia Civil durante varias horas y al llegar la noche consiguió romper el contacto y reunirse con su partida en el Cerro de la Venta, donde quedó hospitalizado. Hasta allí los hermanos Quero le llevaron a un joven médico de Granada, que lo operó al aire libre.


En el invierno 1946-47, “el Yatero" decide disolver la partida y marcharse a Francia con los que quisieran acompañarle. Lo hizo porque comprobó que la lucha guerrillera estaba degenerando, ya en algunos lugares, en atracos sangrientos, muertes y todo género de violencias. “Eugenio” me habló de una entrevista que «Roberto» sostuvo con "el Yatero”, de la que el primero salió muy impresionado. Dijo: "Si la guerrilla hubiese tenido muchos hombres como éste no hubiera hecho falta repartir mucha propaganda para conseguir adeptos.»
El jefe de la partida de Tocón de Quéntar y cuatro de sus viejos compañeros de lucha salieron de Granada en tren hacia Barcelona, donde encontraron asistencia en el hogar de los Coca, una familia de extracción católica, y desde la Ciudad Condal pasaron a Francia, por la montaña, poco después.


La primera zona de actuación de la partida fue la de Quéntar-Monachil, La Zubia y Pádules. Su puesto de mando estaba en el Cerro del Pajarillo, cerca del Cortijo de Aguas Blancas, desde donde dominaba toda aquella zona. Antes de terminarse el invierno 40-41, los “Quero" formaron su propia partida, mientras que "el Yatero» y sus hombres pasaban a actuar por la parte norte de Granada: por Galicasa, Güejar-Sierra, Cogollos-Vega, alcanzando, más hacia el oeste, Fuentevaqueros, el pueblo natal del poeta García Lorca.
A principios de 1942 ya son cuatro las partidas importantes instaladas en la región de Granada-capital: la del a “Yatero”, la de los “Quero”, la de “Clares” y la de "Ollafría”. La zona de actuación del primero se extiende ahora hacia Albolote, Deifontes y Peligros con bases etapa en la Sierra de Hoz, al norte de la capital. Luego alcanza la zona sur: por Dilar y Otura. En el invierno 45-46 la partida aparece por la región de Guadix, actuando desde sus bases de Sierra Nevada. En la primavera vuelve a sus tierras de Quéntar, Lapeza, Lugres y Jerez del Marquesado.


Testimonio de María Martín, esposa del “Yatero”. «Para nosotros la guerra terminó el 29 de marzo de 1939, ya que mi marido se encontraba de permiso en nuestro pueblo (Tocón de Quéntar, Granada) y decidió quedarse con nosotros, en lugar de marcharse al extranjero con sus compañeros. Me dijo: "He luchado por unas ideas noblemente, sin hacer daño a nadie." Ese mismo día se lo llevaron detenido. Y desde esa fecha, durante tres semanas, lo estuve buscando sin saber si estaba vivo o muerto. Al fin me enteré de que lo tenían en la cárcel de Guadix, donde pude verlo gracias a la bondad de un .policía.

Estaba muy enfermo a causa de los malos tratos. Busqué la ayuda de gente amiga y conseguimos que lo ingresaran en la enfermería y luego que lo trasladaran a un campo de concentración: a La Espartera de Benalúa de Guadix. Siempre ayudados por amigos le facilitamos armamento y con la colaboración de un joven soldado, que ese día estaba de guardia, mi marido consiguió escaparse el 29 de mayo. No puedo darle el nombre de aquel muchacho porque me hizo jurar, por su padre y sus dos hermanos fusilados, que jamás lo nombraría. Por eso sigo callándome a este respecto. Con tres compañeros suyos estuvieron escondidos en el Cortijo de Aguas Blancas, muy cerca de Tocón de Quéntar. Yo vivía con ellos y los ayudaba. En agosto de 1939 caí encinta y nos tuvimos que separar. Temíamos que, a causa de mi estado, acabaran encontrándolo a él.

La Guardia Civil empezó a perseguirme, a maltratarme, y como yo decía que a mi marido no lo había vuelto a ver desde la guerra, entonces me trataron de todo. Cuando nació nuestro hijo, a fines de 1939 y hasta 1951 —durante doce años casi— sólo vi tres veces a mi marido. Su vida en el monte ya la conoce usted. Pasaron mucho frío y hambre y a mi marido lo hirieron dos veces. Hasta que decidieron marcharse a Barcelona, con salvoconductos falsos. Allí gente amiga —la familia Coca— los tuvo escondidos un mes y pasaron a Francia por la montaña con un guía. Llegaron a tierras francesas en los últimos días del año 1947. Con él se fueron cuatro amigos suyos: "Antonio Hermoso", de Cenes-Vega; "Cabrerico", de Guadix; Ricardo Sario y "el Malagueño". Los tres primeros viven en Francia y este último en Casablanca. Yo seguí en Granada, trabajando y cuidando de nuestros dos hijos. Luego, con la hija de mis señores, que se casó y se fue a vivir a Barcelona, también yo me marché a Cataluña. Como no hubo manera de solucionar lo de mi pasaporte, mi marido resolvió que pasásemos a Francia clandestinamente.

Entonces fui a buscar los chicos a Granada y desde Barcelona, siempre ayudados por la familia Coca, nos fuimos a un pueblecito al lado de la frontera de Andorra. Mis hijos pasaron con una muchacha catalana por el Principado y a los pocos días pasé yo, por la montaña, acompañada de un guía. Y después de doce años de intranquilidad pudimos rehacer nuestra vida. Mi marido en todo momento me dijo que estaba contento de vivir en Francia, pero que sufría, a pesar de gozar de libertad, porque mientras tanto otros se pudrían en las celdas franquistas y que España seguía dominada por una dictadura que él odiaba. Se murió lejos de su país con esa pena en el corazón. Yo sigo con sus ideas y moriré como él.


Desearía que dijese que mi marido no fue nunca un asesino ni un bandido, sino un hombre que luchó por sus ideas, por la libertad y por su patria.
»Siento no poder mandarle documento alguno porque se destruyeron para no comprometer a nadie. Adjunto encontrará una foto suya del año 1947 y otra mía, como me pide, también de aquella época. Deseo de todo corazón que esta carta le pueda ser útil en algo. Le saluda afectuosamente. (Langeais, Francia, 27 de enero de 1977.)»


Testimonio de un pastorcillo
(en 1945 tenía 12 años; hoy es camionero en Granada). «Cuando mi tío —«el Yatero»— andaba por aquellas montañas, yo pastoreaba con el rebaño de mi padre. A los de la sierra los veía casi cada día y siempre me daban recados para sus familias. Hasta que un día me tropecé con el cabo Joya y dos de sus hombres. Minutos antes yo estuve hablando con mi tío en una cueva. El cabo me detuvo diciéndome que me habían descubierto.

Yo lo negué y entonces me echaron una soga al cuello y me dijeron que si no se lo contaba todo me colgarían de un árbol. Yo creí que me colgaban, pero seguí negando haber visto a nadie. Al cabo Joya, del puesto de Huétor-Santillán, todos le tenían un miedo espantoso por allí, pues mataba a la gente como quien mata chinches. Vaya usted por Quéntar y por el Tocón de Quéntar y le contarán.» (Y fui al pueblo y a la aldea y contaron, en efecto, muchas cosas. Me dijeron que el cabo Joya había ejecutado manu militari, sin preámbulos de ninguna especie, a varias personas (acusándolas de haber ayudado a los "bandoleros" de la sierra...) «El cabo Joya echó más gente a la sierra que toda la guardia civil de Granada junta», sentenció un viejo campesino.

Eso sin contar a los que dejó lisiados para toda la vida, como «el Paquillo», al que, desde el día que le pegó el cabo Joya una paliza de miedo, lo llaman «el Jorobao». A este pobre muchacho todo el delito de que se le podía acusar era el de haber sido soldado republicano. Este cabo hizo tantas barbaridades que acabaron expulsándolo de la Guardia Civil.

El cabo Joya ejecutó fríamente a personas que no se sometieron a tratos comerciales, cuyos precios imponían los tratantes de ganado —con los que Joya andaba de negocios—, y entre los que descollaban los hermanos «Bartolos» de Huétor-Santillán.
«Me tuvieron con la soga al cuello todo el día, hasta que anocheció, diciéndome cada dos por tres que ya estaban cansados de esperar mi confesión y que me iban a colgar. Al mediodía, cuando se sentaron a comer un bocado, me hicieron poner de pie sobre una piedra redonda y ajustaron el nudo de la soga a mi cuello de tal manera que si llego a tener la mala suerte de resbalar me hubiese ahorcado en el acto. Así me tuvieron hasta que me dejaron libre. Pero yo no solté prenda. Estaba muy orgulloso de mi tío "el Yatero" y quería que él lo estuviera también de mí.


El ex pastorcillo nos habló de su tío, "Yatero": «Era un hombre alto —medía un metro ochenta y cinco—, pacífico, reflexionado y a buenos sentimientos no lo ganaba nadie. Muy trabajador y la poca cultura que tenía la había aprendido él solo, sin ir nunca a una escuela.»


Los "Clares" (Hnos. Rafael y Félix Castillo Clares). Esta partida aparece, verano de 1941, por la zona de Pádules, Monachil, Güejar-Sierra, Dilar y Durcal y tiene sus bases en la Sierra de Albuñuelas, de cuyo pueblo más cercano (Albuñuelas) eran la mayor parte de sus hombres. Se atribuye a esta partida la muerte del coronel Milans del Bosch, el 8 de enero de 1947, en su finca de Güejar-Sierra.

Ese mismo año, el 23 de noviembre, en Cenes-Vega, a muy pocos kilómetros de Granada, la partida es cercada por un destacamento de la Policía Armada. El tiroteo dura varias horas y al anochecer los guerrilleros se abren paso con bombas de mano, infligiendo graves bajas a las fuerzas del orden. Pocos días después caía acribillado el jefe de la partida, que sería sustituido por otro «Clares» —su hermano Félix—, procedente de la partida del «Polopero», el cual se entregará al poco tiempo a la Guardia Civil.

Con Félix Clares y unos cuantos entregados más, las fuerzas del orden constituyen con guerrilleros desertores el llamado Grupo T (Grupo de los Traidores). Parece ser que efectuaron algunos servicios por cuenta de la Guardia Civil, pero por allí nos han asegurado que eso fue una treta de los guerrilleros para organizar una emboscada sonada contra las fuerzas del orden. Quizá esto explique por qué «Clares» (Félix) y su lugarteniente «Espantanubes» se echaron de nuevo al monte por el sur de Guadix (Lugros y Jerez del Marquesado), sin que sus antiguos compañeros —los traicionados, en suma— les pidiesen cuentas por su esporádica e infructuosa actuación en el "Grupo T".

Según el "Censo de Guerrilleros de Malaga-Granada", un exahustivo estudio del prof. malagueño José Aurelio Romero Navas, hubo dos jefes guerrilleros para algunos, para otros no está tan claro, se llamaban Félix Castillo Clares, nacido en 1914, hijo de Félix y Antonia. Sus señas personales eran pelo castaño, frente regular, cejas al pelo, ojos melados, nariz alargada color sano, barba poblada estatura alta. Era natural de Ocaña (Almería), casado, del campo y vecino de Güejar Sierra.

Fue detenido el 4 de abril de 1939 y condenado, en 1944 a cadena perpetua pero fue puesto en libertad vigilada en 1945 y la condicional el 1 de abril de 1946, fecha en la que se fue a la sierra. En noviembre de 1946 se unió a la partida que capitaneaba su hermano Rafael, en la que permaneció hasta 1948 en que se presentó a la G. Civil, con la que aparentemente colaboró en la represión de otras Partidas guerrilleras, para lo cual se integró en una contrapartida.

Pero por motivos que se nos escapan abandonó ésta volviendo de nuevo a la sierra. Fue reacio a que su Grupo formara parte de la Agrupación Guerrillera "Malaga-Granada", prefiriendo ir a su aire. Actuó por la zona de Monachil, Güejar Sierra, La Zubia y Dílar, extendiéndose hasta Tocón de Quentar y La Peza, de donde eran naturales algunos de su Grupo.

No obstante, Félix Castillo Clares estuvo durante algún tiempo encuadrado en la Agrupación de "Roberto", integrado en la Segunda Compañía. Otras informaciones señalan que se marchó a la sierra en abril de 1946, haciéndose cargo, a la muerte de su hermano Rafael, de la jefatura de la Partida. Así como que evitó el trato tanto con Roberto como con la Guardia Civil.

En diciembre de 1948 hizo sondeos para presentarse, cosa que realizó el 10 de enero de 1949 con toda la Partida ("Patito", "Espantanubes", "Ponce" , "Lezama", "Cotorra" y "Chumbo".

Félix murió el 2 de noviembre de 1949 en Aguas Blancas (Quentar). Entre otras acciones se le reconoce la retención, el 23 de de octubre de Torcuato Contreras, de Guadix por cuyo rescate percibió 75.000 pesetas. Su hermano Rafael era natural de Benahadux, de 33 años en 1945, profesión del campo, hijo de Félix y Antonia, y domiciliado en Güejar Sierra.

Entre los hechos imputados a su Partida están: la acción del 5 de febrero de 1944 contra el vecino de Canales, Ramón Díaz Cerilla, llevándose 500 pesetas y dos jamones.
Rafael Castillo fue autor de la retención y posterior muerte, del coronel de Ingenieros Joaquín Milans del Bosch, hecho ocurrido el 8 de enero de 1947 y como consecuencia del mismo, de la muerte de Antonio Martín Benavides a) "Castañicas" a quien acusó de haber delatado a la Guardia Civil la retención del coronel.

Rafael llevó a cabo una acción contra algunos industriales de Güejar así com tomó parte en el asalto al polvorín de la Compañía de Tranvías de la Sierra sito en el pueblo de Maitena llevándose uos 45 kilos de dinamita, mecha y ulminantes.
Desarmó y se llevó las escopetas de varios cazadores, asimismo, actuó en golpes de menor cuantía, teniendo amendrentados a los ricos de la comarca.

El 23 de noviembre de 1947 murió en un combate con fuerzas conjuntas de la policia armada y de la guardia civil en Lancha de Cenes, que por su resultado, muestra lo terrible que fue el enfrentamiento pues en el mismo perdió la vida un teniente de la Guardia Civil y resultaron heridos un capitán, un teniente, un sargento, un cabo, tres guardias y dos agentes.


"Ollafría" (Juan Garrido Bonaire). Era natural de Colomera (Granada). Procedía de Jaén —de la partida de «Salsipuedes»— y en la primavera de 1942 formó su propia partida y se instaló en la zona norte de la provincia (Benalúa de las Villas, Modín, Deifontes, Iznalloz y Colomera), con bases en la Sierra del Pozuelo. En 1945, la partida se acerca a Granada-capital por el lado de Guevéjar, desde donde se corre hacia el oeste: por Pinos Puente, Illora y Albolote, apenas a 10 kilómetros de Granada. Luego instala sus bases en la Sierra de Paraponda y actúa por la zona de Montefrío. En 1947 llegan a la partida los tres «Castillillos» (Manuel, Antonio y José). Según parece «Ollafría» y sus hombres lograron embarcar hacia África del Norte a fines de 1947. (En los años 74-75, «Ollafría» vivía en Casablanca.)


Polopero (Francisco López Pérez). ...Era natural de Polopos, en la Baja Alpujarra. Antes de formar su propia partida —a fines de 1946— parece ser que fue delegado político de la de «Paco el Catalán». Empezó a actuar por una zona que conocía bien: la de la Baja Alpujarra (Lanjarón, Órgiva, Rubite, Vélez de Benaudalla y Lujar) desde sus bases de Sierra Lujar. A mediados de 1947, la partida se corre hacia el este: por Torviscón y Castaras, con incursiones por el lado de Motril y la zona costera. Aunque a veces instala sus bases en Sierra Nevada —en particular cuando actúa con otros grupos— la partida no se aleja mucho de su zona de operaciones habitual: la que rodea la Sierra Lújar, cerca de Motril. «Polopero» participaría, al lado de «Roberto», en las mil y una tentativas de estructuración orgánica de las guerrillas, proyectada para la región Málaga-Granada, con vistas a dotar a las partidas de una determinada organización coordinada. En ese maremágnum desapareció durante algún tiempo el «Polopero», hasta que un día de noviembre de 1952 fue detenido por la Guardia Civil en la zona de Guadix, en su refugio del pueblo de Charches.


"Los Quero" (Antonio, José, Pedro y Francisco Quero Robles). El mayor de los hermanos —Antonio— participó, el 20 de julio del 36, en la defensa del Albaicín contra las tropas sublevadas. Al ser derrotados los obreros, tuvo que esconderse. Más tarde, con un grupo de amigos, y fingiendo ser gitanos que iban a un bautizo, lograron cruzar varios controles de la Guardia Civil y pasar a la zona republicana, presentándose en Guadix.

Al saberse burlada —cuenta la gente— la policía se la juró al mayor de los Quero y, por extensión, a toda la familia, la cual, a partir de aquellas fechas, no conocería, en años, ni un solo instante de tranquilidad. Luego, como para redondear la cosa, el mayor de los Quero se enroló en una Compañía de Servicios Especiales del ejército republicano -los míticos "Hijos de la Noche"- y en varios viajes clandestinos a Granada, se llevó con él a sus más íntimos amigos, y a su hermano José. Al principio de la guerra, a un cuñado suyo—el marido de su hermana mayor, Rosario— lo mataron en El Fargue, cerca de Granada. Se fue a trabajar, como todos los días, y ya no regresó a su casa.

En Granada, el 18 de setiembre de 1976—cuarenta años después de aquellos hechos— conseguimos localizar al maestro —al encargado— de la fábrica de pólvora de El Fargue, donde trabajaba el cuñado de los Quero, y éste me confirmó la exterminación sistemática de trabajadores perpetrada allí. El maestro fue avisado a tiempo y logró escapar a la montaña y gracias a ello está hoy en vida... y no se calla nada, cuando tiene que contar lo que pasó en El Fargue, «en los primeros días del Glorioso Alzamiento», me recalcó. Está muy enfermo y cree que no va a tardar mucho en morirse. «Así que si por decir la verdad me pasase algo tampoco se perdería gran cosa. Además, ahora ya me muero tranquilo porque he visto morirse al Gran Matarife».


Por tanto, apurando el análisis —pero, vamos a ver, ¿quién se atreve a arrojar la primera piedra por nuestros lares?— a los hermanos Quero —y a otros— se les pueden reprochar excesos de todo orden. Pero estas cosas —no se olvide— no ocurrieron antes del 18 de julio de 1936, sino después. Y a los primeros que habría que poner en la picota sería a quienes lo pusieron todo patas arriba a partir de esas fechas. (A menos que prosperase la teoría del somatenista soriano de San Celoni —el que participó en la muerte de «Quico Sabaté»—, de «que toda esa gentuza —los guerrilleros— eran asesinos en potencia... que sólo esperaban la ocasión para empezar a cometer fechorías.)

Pues bien, al colocar a la gente—y más aún: a gente poco preparada y con resquemores nacidos de una situación social profundamente injusta— en trance de vida o muerte, ¿A quién podría extrañar que las aguas se salieran de sus cauces? ¿A quién se le podría olvidar lo que ocurrió en el Albaicín, tras el último asalto de los sitiadores franquistas —y que el mayor de los Quero, y otros, presenciaron—, al ser aplastada la resistencia de los obreros? ¿A quiénes van a juzgar las gentes llamadas de orden, las cuales, donde lograron imponerse, no dejaron títere con cabeza? Y precisamente en Granada y su provincia —esto es ya notorio desde la aparición del libro de Ian Gibson— no se quedaron cortas. Allí, la represión, que alcanzó también a familias ilustres, cultas y desde siempre respetadas por todos, como federico garcía Lorca, se desarrolló ante el silencio, cuando no con la aquiescencia, de gentes con influencia y poder que, de haber querido, hubieran podido detener el desbordante río de sangre que enlutó a todos los granadinos sin excepción.


El grupo de «los Quero» fue uno de los que mayor audiencia encontró en la prensa libertaria del exilio, que lo reivindicó como algo propio, junto al de otro libertario granadino: Antonio Raya. Tendrían que pasar algunos años—hasta comienzos de 1960, -cuando el grupo de «Quico Sabaté» fue exterminado- para que en sus columnas volviera a escribirse, en torno a la muerte de hombres de acción de la C. N. T., tan cálidos elogios.


En junio de 1940, Antonio y José se fugan de la cárcel de La Campana, de Granada, y se reúnen con la partida del «Yatero», en la que permanecen tan sólo unos meses. Forman entonces su propia partida: en la primavera de 1941. Su zona de actuación es la propia capital y algunos pueblos de los alrededores: La Zubia, Ogijares, Monachil y Huétor-Vega. Como la familia Quero poseía una carnicería en el Albaicín —el padre apuntillaba y arreglaba reses a menudo— y tenían muchos amigos en la ciudad y fuera de ella no les sería nada difícil encontrar —y no ya tan sólo por afinidades ideológicas— numerosas ayudas. Sobre todo en su barrio natal —el Albaicín—, donde siempre dispusieron de varios puntos de apoyo seguros, y en las cuevas del Sacromonte.

Por ello su red de informadores será también muy densa y eficaz, lo que les permitirá identificar a algunos confidentes, así como escapar sin daño de varias emboscadas. En 1943 llega a Granada su hermano Paco, evadido de un campo de concentración de la provincia de Córdoba, al que acompañan dos fugados de un Batallón Disciplinario de Trabajadores de Punta Umbría (Huelva). Los tres se reúnen con la partida de «los Quero».


Durante un tiempo la partida tiene sus bases en la Sierra de Albuñuelas, desde donde operan por Pinos del Valle, Talará, Miguelas, Durcal y Albuñuelas. El 2 de noviembre, en un intento de secuestro, caía acribillado José Quero, en una calle de Granada. Y en los primeros días de 1945 se incorporaba a la partida el cuarto hermano, Pedro, recién llegado de Francia.

«Los Quero» centran de nuevo sus acciones en la capital de la provincia y el 10 de julio uno de los hermanos es localizado en una cueva de la Fuente Cuti, en el Sacromonte. Al tratar de inspeccionarla, las fuerzas del orden son recibidas a tiros. Conminado a rendirse, Pedro responde: «Vengan a buscarme.» Se dinamita la entrada de la cueva, pero el guerrillero seguía disparando, hasta que, a eso de las seis de la tarde, pidió un cigarrillo a uno de sus familiares, que presenciaba el asedio. Y,... cuando lo consumió se pegó un tiro.

En Granada nos han contado que a «los Quero», entre otras cosas, los unía la promesa de no caer vivos en poder de sus enemigos. El 30 de marzo de 1946, en uno de sus refugios granadinos, el de la Plaza de los Lobos, caía acribillado otro de los hermanos: Paco. Y en otro tiroteo, el del 22 de mayo de 1947, en el asedio de un punto de apoyo —el del número 7 del Camino de Ronda— moría, junto con dos compañeros suyos, Antonio, el último de «los Quero» guerrilleros.


«Vladimiro», hablando de ellos, me dijo: «Yo conocí sobre todo a Pedro, el de Francia. El que se suicidó de un disparo en la cueva que dinamitaron, antes que rendirse. También tuve ocasión de charlar con granadinos llegados de España, que conocían muy bien a sus hermanos. Se les consideraba gente muy aprovechable, humanamente hablando. Luego —y no sólo ellos— hicieron cosas que las ideas no pueden avalar nunca, es cierto. Pero cuando se profundiza en ello a mí se me viene a la mente el clima que reina en las cárceles y en los reformatorios infantiles. Si es que a un establecimiento de este tipo se le puede calificar de infantil.

¿Cómo explicar que la gente joven, a la que se encierra en esos lugares, cuando sale lo hace, por lo regular, con peor talante que al ingresar en la cárcel o en el reformatorio? Sencillamente: porque ninguno de esos establecimientos cumple, ni mínimamente, la misión para la que fueron creados. Pues bien, en líneas generales, en el asunto de los maquis —recuerda las cosas que sucediedieron en la guerrilla de Francia, en la que, dicho sea de paso, los destacamentos más moderados fueron precisamente los nuestros, los españoles— ocurrió tres cuartos de lo mismo:

La gente se echa al monte, o pasa a la clandestinidad, lo mismo da, y se ve obligada a vivir completamente marginada, con su vida pendiente, a cada minuto, de un hilo. Toda su existencia está a merced de los demás: de los suyos y de sus enemigos. De los primeros, porque pueden cometer un error o dar pie a cualquier indiscreción de personas allegadas e incluso, por lo que sea, a ser delatado. De los segundos, porque deberán luchar con ellos en cualquier terreno, y tendrán que plegarse a la clase de lucha a que se les somete —ora en la sombra, ora en campo descubierto—, ya que en los recursos de que echan mano sus enemigos para combatirlos, no respetan siempre, como se dice, las reglas del juego.

Por ejemplo: en muy contados casos la guerrilla ejerció represalias contra las familias de las fuerzas del orden. Y en poquísimos casos lo hizo contra familiares de caciques o terratenientes que, de una forma u otra, participan en la lucha antiguerrillera. En cambio, familias enteras de guerrilleros, cientos de ellas, cuando no simples amigos o vecinos, fueron a parar a la cárcel después de haberlos marcado para siempre en los interrogatorios.

Y luego —o antes incluso— las fuerzas vivas del lugar las sometieron al pacto del hambre más refinado que imaginarse puede —no sólo no se les daban jornales, sino que se prohibía terminantemente a panaderos ó tenderos que les fiasen nada—, obligándoles a emigrar a la otra punta de la península, o a echarse a su vez al monte. Esto, mi querido amigo, es como cuando se acusa al pueblo de haber quemado o destruido tal o cual obra de arte. Fíjate que la acusación brota siempre de los bienpensantes, que son los mismos que privaron, y privan, al pueblo de la cultura y de los conocimientos más elementales que bastarían para impedir no ya la destrucción de cualquier obra humana, sino incluso que se eche mano de la violencia como único medio para reparar injusticias y arbitrariedades.»

Otras Partidas:
Por tierras de Granada actuaron otras partidas, cuyos jefes habían hecho sus primeras armas, casi siempre, en las más importantes de aquella región.
«Chicopérez», «Pablo el de Motril», «Ramiro», «Serafín el de Gastaras», «Crescencia», «Pepe el Catalán», «los Matías», «Senciales», "Jorge», aRabaneo», «Grupo de Enlace», Lozano», «los Castillillos», «Valero», “Rastrojo” y «Comandante Villa».

Análisis del investigador Secundino Serrano:

Según el profesor Secundino Serrano, mientras la Agrupación de Córdoba iniciaba un proceso de liquidación, en la baja Andalucía se estaban poniendo las bases de una poderosa organización guerrillera, la Agrupación Granada-Málaga, que fue el resultado de una triple confluencia: los grupos de fugitivos de posguerra, la llegada de maquis procedentes tanto de Francia como, sobre todo, del norte de África y la personalidad carismática de José Muñoz Lozano «Roberto». Este último, un político al que las circunstancias transformaron en jefe de guerrillas, impulsó la unidad administrativa de la resistencia granadino-malagueña, e incluso intentó extender su influencia a la provincia de Almería.


Durante la segunda guerra mundial, la colaboración de los servicios secretos americanos y de los comunistas exiliados en el norte de África había propiciado la llegada a las costas malagueñas de antifranquistas que contactaron con las bolsas de huidos de la zona. Aunque las detenciones de febrero de 1944 y la llegada de Carrillo a la zona a principios de octubre de ese año habían interrumpido esa cooperación, seguían utilizando el método de los desembarcos para fomentar la guerrilla granadino-malagueña. Las playas andaluzas de Camarriján, La Caleta, Cerro Gordo o La Herradura permitían la arribada de los faluchos pertrechados de hombres y armas para la resistencia andaluza. Además, algunos de los que se echaron al monte a raíz de la redada de febrero —Antonio Urbano Muñoz “Duende”, Miguel Arrabal Castro “Montañés”, Antonio Sánchez Martín “Tejero” y Francisco Cecilia Cecilia— seguían aglutinando a los huidos de las sierras malagueñas.

El primer hombre decisivo de la resistencia malagueña fue Ramón Vías Fernández quien, según el estudio de José Aurelio Romero Navas, arribó con nueve compañeros a la playa granadina de La Herradura. Entre los resistentes que acompañaban a Vías destacaban Joaquín Centurión Centurión "Juanico", de Nerja, que hacía de práctico, y Alfonso Armenia, que había sido suboficial antes de la guerra civil. Ayudado por algunos guerrilleros autóctonos fieles al PCE, Vías Fernández creó el 6° Batallón y editó el boletín "Por la República". Pero apenas pudo iniciar la tarea de reconstrucción de la guerrilla, ya que fue arrestado el 15 de noviembre de 1945 y posteriormente fusilado después de dos intentos de fuga. Provisionalmente, lo reemplazó “Juanito” al frente del maquis, aunque el dirigente más relevante, desde el punto de vista administrativo, era Alfredo Cabello Gómez-Acebo, que había llegado a la capital el 7 de septiembre, dos meses antes de la detención de Vías, para hacerse cargo del aparato político del PCE.

En Granada existían bolsas de huidos desde 1937. Finalizada la guerra civil, las partidas más representativas eran las dirigidas por Juan Francisco Medina García “Yatero”, “Salcedo” y "Los Quero". Comunistas los dos primeros y anarquistas los segundos, trataron sobre todo de evitar que los huidos derivaran hacia posiciones próximas al bandolerismo y se mantuvieran en los esquemas de una lucha política.

A principios de 1946 se despejó la provisionalidad y comenzó a funcionar la guerrilla organizada, y entre los dirigentes más representativos de esta primera fase se encuentran Ramiro Fuente Ochoa —dedicado más a las actividades políticas que a las armadas—, Francisco Rodríguez "Sevilla" como comisario político y, sobre todo, José Luis Merediz Víctores «Tarbes», jefe del Estado Mayor y hombre fuerte de la resistencia granadina. La llegada de este último, procedente de la Resistencia francesa, señaló la fecha inicial de la Agrupación de Granada. Las directrices políticas las recibían de Rafael Armada Ruz, responsable del aparato político en Granada, y de Ricardo Beneyto Sapena "Ramiro", responsable regional del partido y residente en Sevilla. En un principio, funcionaron con dos compañías. La primera estaba integrada por las partidas de "Yatero» y Rafael Castillo "Clares", y la segunda, por la de Francisco López Pérez "Polopero" y Juan Rodríguez López «Rabaneo». La Agrupación de Granada, además de tardía, tuvo siempre un carácter provisional, y desapareció a principios de 1947.

Mientras tanto, en Málaga había ocurrido un episodio de consecuencias trascendentales de cara al porvenir de la resistencia: la evasión de Ramón Vías Fernández el 1 de mayo de 1946 de la Prisión Provincial de Málaga en compañía de otros 25 detenidos. Excavaron un túnel de medio metro de diámetro y salieron a unos 35 metros de una de las garitas. Por el número de evadidos y también por la dificultad de burlar una vigilancia tan rígida, algunos testimonios sostienen la hipótesis de que se trataba de un intento de aplicar la “ley de fugas” a un guerrillero tan importante e incómodo como Vías. Pero lo cierto es que lograron escapar de la prisión e internarse en la ciudad de Málaga. Ramón Vías permaneció escondido durante un mes y sus compañeros se mostraron incapaces de sacarlo de la ciudad y conducirlo a la sierra, pese a las órdenes del Partido Comunista. Esta negligencia por parte de los encargados de llevar a cabo la operación, básicamente Alfredo Cabello Gómez-Acebo y José Muñoz Lozano "Roberto", responsables del partido en la provincia, permitió que el 25 de mayo, y después de la correspondiente confidencia, cayera abatido por las balas policiales. Según el informe oficial, tras el tiroteo "fueron recogidos y con la premura posible, trasladados al hospital donde, después de ingresados, fueron reconocidos por el médico de guardia que diagnosticó el fallecimiento de los cuatro individuos”. En realidad, todo induce a pensar en una aplicación encubierta de la «ley de fugas». Los muertos fueron Vías, los guerrilleros Antonio Daza López y Antonio Gutiérrez Rojas, además del dueño de la casa, Salvador Bermúdez Luque. «Roberto» fue responsabilizado por el partido de esa caída y castigado por ello a integrarse en la resistencia armada malagueña, pese a que adujo una cojera para eludir ese mandato. Las secuelas también se ampliaron a la red de enlaces.

La detención de Alfredo Cabello Gómez-Acebo, que había pertenecido al órgano nacional de dirección de las JSU y era, al menos nominalmente, jefe del Estado Mayor de la guerrilla malagueña, provocó el arresto de 69 personas, debido a la importante documentación incautada cuando fue arrestado. Alfredo Cabello, proveniente de una familia de clase acomodada y que decía tener las carreras de Periodismo (¿existía académicamente tal carrera? ) y Derecho, fue condenado a muerte junto con Juan Aparicio Jiménez y Francisco Moreno Morillas. A pesar de los recursos, la confirmación de la condena por parte del capitán general y el enterado siguieron su curso. Los tres fueron fusilados el 5 de marzo de 1946 en el cementerio de San Rafael de la capital malagueña.


Cuando el 17 de enero de 1947 fueron detenidos Ramiro Fuente Ochoa y Rafael Armada Ruz, tanto Granada como Málaga eran dos provincias sin dirigentes de relieve para gobernar la resistencia.
En Granada, "Sevilla", que se había quedado al frente de la organización, decidió abandonar la lucha. “Tarbes” el jefe guerrillero, que había sido detenido el 13 de enero de ese año en la Estación de Fiñana cuando regresaba de inspeccionar en Almería la posibilidad de ampliar las guerrillas a esa provincia, se había convertido en confidente de la policía. Regresó a la sierra con la intención de traicionar a sus compañeros, pero éstos no creyeron su versión de la huida, y finalmente lo ejecutaron, por orden de “Sevilla”, posiblemente en mayo de 1947. Su cadáver fue descubierto por la fuerza pública el 20 de octubre de ese año en una calera de Órgiva (Granada). El vacío de poder en las dos provincias andaluzas terminará cuando se ponga al frente del maquis de Granada-Málaga José Muñoz Lozano “Roberto” quien, pese a que llegó al puesto como sanción y no por su preparación militar, se reveló como el más formidable jefe de las guerrillas españolas de posguerra. Natural de Ciudad Real y dependiente de profesión, había combatido en la guerra civil y en la Resistencia francesa. Enviado por el PCE en 1944 para incorporarse al movimiento antifranquista, antes de hacerse cargo de la resistencia armada de la baja Andalucía había estado en Vizcaya, Santander y Madrid. Pero fue en Granada-Málaga donde puso de manifiesto su enorme capacidad de proselitismo y un carisma indiscutible, haciendo factible que un territorio que apenas contaba con 25 hombres alcanzara en unos meses más de 100 guerrilleros (y que además pudiera cubrir las bajas sin problema). Con el mérito adicional de que "Roberto" llevó a su apogeo a la Agrupación de Granada-Málaga cuando más dura era la represión, cuando habían desaparecido o estaban agonizantes la mayor parte de las agrupaciones y cuando el régimen franquista estaba plenamente consolidado.


Con la llegada de “Roberto” se efectuaron cambios en la organización andaluza. Al 6" Batallón, que existía hasta entonces, se le añadió uno nuevo, el 7". El primero (mandado por Antonio Jurado Martín “Felipe”) tenia sus bases en la parte oriental de Málaga y la occidental de Granada, con irradiaciones en el sudoeste de Jaén y el sur de Córdoba. Las bases centrales estaban situadas en las sierras de Tejeda y Almijara, y las localidades malagueñas de Nerja y Vélez-Málaga y las granadinas de Arenas del Rey, Alhama de Granada y Loja constituían los núcleos de poblaciones más importantes. El segundo (encabezado por Manuel Lozano Laguna) se movía en las sierras de Cuajaras, Lújar y Las Alpujarras, en el entorno de Sierra Nevada, con centros destacados en tos términos de Albuñuelas, Motril y Órgiva, afectando asimismo a las sierras almerienses de Gádor y los Filabres. En la cúpula también había un Estado Mayor (Manuel Jurado Martín “Clemente”), el grupo de enlace (José Martín García "Andrés") y un responsable de información (Francisco Sánchez Girón "Paquillo"), generalmente ubicados en la Axarquía malagueña. Por encima de todos, el jefe, "Roberto", que no modificó la estructura de los batallones, que estaban divididos en compañías y grupos, pero introdujo una disciplina militar que llevó incluso a las graduaciones: comandantes, capitanes, tenientes, sargentos y guerrilleros. El nombre cambió con los años. Llevó las denominaciones de 9a Brigada, Agrupación de Granada-Málaga y, a partir de 1948, Agrupación de Granada. Pero era conocida por la gente como “Agrupación Roberto”, en homenaje a su jefe. Una importante red de enlaces y la utilización de las tácticas guerrilleras en un territorio idóneo permitieron que Málaga y Granada se situaran en el centro de las preocupaciones policiales del régimen. Por lo que respecta a la financiación de la guerrilla, "Roberto" disminuyó los atracos y potenció los secuestros, que eran más rentables y menos peligrosos. Obtuvo recompensas de hasta medio millón de pesetas. Aunque se acusó a “Roberto” de comprar el apoyo de la gente con dinero, lo cierto era que se movía en un territorio de tradición izquierdista y a sus habitantes supo transmitirles la esperanza de un cambio político. La empatía de Muñoz Lozano con sus hombres resulta indiscutible. En Málaga editaron el periódico Unidad.


Entre el oeste de Málaga y el este_de_Cádiz merodeaban diversas partidas desde el final de la guerra civil. Dos líderes seguían aglutinando una.parte significativa de estos hombres: Bernabé López Calle, anarquista, y Pablo Pérez Hidalgo "Manolo el Rubio”, comunista. Un episodio importante lo constituyó la creación de la Junta Nacional de Guerrilleros Antifascistas del Sector Sur el 17 de agosto de/ 1945, que fue el primer intento de organizar a los guerrilleros de las diferentes ideologías, incluidos los republicanos. En una posterior reunión en agosto de 1946, los guerrilleros del Sector Sur se adhirieron a la ANFD y confirmaban a Bernabé López Calle «Fernando Abril» como jefe del maquis gaditano-malagueño. Pero las partidas de López Calle y "Manolo el Rubio” en realidad se habían repartido el territorio (el primero en el oriente de Cádiz y el segundo entre Cádiz y Málaga) y aceptaron colaborar en caso necesario.

La opinión de “Manolo el Rubio” sobre López Calle no era especialmente elogiosa:
“ese hombre era débil pero muy egoísta. Si no se le nombraba jefe lo único que iba a poner serían chinitas en el camino”. López Calle consiguió vertebrar una amplia red de colaboradores anarquistas en Jerez y contó con el apoyo de la CNT de Sevilla, pero las caídas masivas de abril de 1947 le obligaron a desplazarse hacia la zona de Ronda. Como ocurrió en toda Andalucía, las cuadrillas gaditanas del Campo de Gibraltar realizaron secuestros con cierta asiduidad, en el caso de López Calle con notable éxito. Por su parte, “Manolo el Rubio”, que recibía órdenes del Comité Regional de Sevilla, tuvo un grave contratiempo, por cuanto uno de sus hombres, José Martínez Chicón, que había sido guardia civil durante la República, desertó y se entregó a las fuerzas de represión, convirtiéndose en confidente.

* Extraído de "Apuntes en Vivo" de Eduardo Pons Prades. por Alberto Blanes

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